CONVERSACIONES CON UN SAMURAI traducido por Arancha Ferrero
1980, El Acertijo Zen
CCRAIG: Sensei, tengo una pregunta
SENSEI: Lo sé.
C: Lo siento…
S: Ya lo sé. ¿Cuál es tu pregunta?
C: ¿Qué es un koan?
S: Es un puzzle. A veces se lo considera como un enigma, un acertijo que un maestro Zen les da a sus novicios para que lo resuelvan.
C: ¿Podrías ponerme un ejemplo?
S: Podría, sí, pero no soy un maestro Zen. Y tú no eres un monje novicio.
C: Pero sensei, yo sí que soy un novicio.
S: Ya vas aprendiendo… Vale.
“Supón que un granjero saca un huevo del nidal y lo mete en un frasco. Coloca el frasco en condiciones adecuadas para incubar el huevo. En vez de sacar al polluelo del frasco después de romper el cascarón, el granjero le da de comer cada día hasta que llega a ser un pollo adulto.
C: Maestro, eso es una tontería.
S: Calla. Tú has hecho una pregunta. Ahora, escucha la respuesta a tu pregunta. Si fueras un buen estudiante, nunca habrías hecho ninguna pregunta.
[pausa]
C: …
S: ¡Es broma! El pollo ya ha crecido. Ahora el granjero decide venderlo, pero se ha hecho demasiado grande para poder sacarlo del frasco. ¿Cómo fue capaz el granjero de sacar al pollo del frasco sin romperlo? No podrás preguntarme nada más hasta que no hayas dado con la respuesta.
Elimina el Ego
C: Sensei, ¿recuerdas aquella tontería de koan del pollo y el frasco?
S: Sí. ¿Y tú, recuerdas lo que te dije sobre hacer ninguna pregunta más?
C: Sí. Pero, Sensei, no sé la respuesta. ¿No podrías darme una pista?
S: ¡Eso es otra pregunta!
C: He hecho trampa, Sensei. He comprado un montón de libros de Zen y he llegado a la conclusión de que tú también hacías trampa.
S: Eso es el Zen.
C: Pero Sensei, cualquiera que realmente encuentre la respuesta a tu koan habrá fallado. Por lo que he entendido, los koan se dicen para meditar sobre lo imposible día tras día. Son una especie de tratamiento de choque mental para ayudar a abrir la puerta a la intuición. Los koan se dan para ayudar a condiciona la mente para que sea capaz de alcanzar un alto grado de concentración.
S: Sin saber lo que estabas diciendo, has dado con una solución a la que podría haber llegado alguien. Pero debemos aprender de todo el mundo: cuando un monje recibe un koan, meditará sobre él durante años. Incluso después de haberse concentrado en ello infinitamente, habría acabado por darse cuenta de que no podía encontrar la solución. Antes o después el novicio se daría cuenta de que a través de ese ejercicio puede meditar durante largos periodos de tiempo sin que ningún otro pensamiento, salvo el reto del koan, distraiga su mente. Con el tiempo, será capaz de meditar sin ningún koan que resolver.
La meditación sobre un koan es como concentrarse en una semilla, ya que meditar en la ausencia de pensamiento es justo la contraria. Siento, después de nuestra práctica juntos hoy, que en estos meses que hemos estado separados has dado otro paso más. ¿Qué piensas tú?
C: Yo no puedo verme a mí mismo como me ven otros.
S: Ni yo creo que hayas encontrado todavía la respuesta a mis preguntas. Pero estás avanzando mucho.
C: ¿Qué parte [de esto] crees tú que es la más importante para el kendo?
S: Eliminar nuestro ego. La gente busca su identidad en todas partes, a su alrededor y alrededor de todo el mundo incluso, cuando deberían estar buscando en el interior de sí mismos.
C: ¿Qué es lo que podríamos perder si no practicamos diariamente sobre esta base?
S: Nada, salvo la propia vida. Porque ya habrás perdido la disciplina.
C: ¿Y dónde deberíamos encontrar [esa base] en nosotros mismos durante la práctica del kendo?
S: En la punta de la espada. Un hombre se mide por el que templa con él su espada [literalmente: “a través de templar el acero aparente de sus espadas mutuamente”. N. de la T.], así como por sí mismo. Si su mente es correcta, su técnica será correcta. Espada y cuerpo deben moverse una con otro. Al unísono.
 |
|
|