IAIDOIntroducción al Iaido
MENU PRINCIPALEl Sable Japonés: Aspectos mitológicos, históricos, metafísicos y artísticos intrínsecos a él
2-CUANDO EL HIERRO FORJADO SE CONVIERTE EN UN ARMA 2-1: Aspectos artesanos: la fabricación del sable El problema de la fundición de cualquier pieza en hierro, en el caso de Japón, radica esencialmente en que este es un país donde escasea dicho material; al menos en estado puro y mineral. Por ello no nos debe extrañar que los que le antecedieran con ferviente éxito fueran los bronces de los periodos Yayoi y Kofun ; seguramente procedentes de forjadores chinos exiliados en el cambio de las dinastías Zhou y Qin . Es importante destacar la funcionalidad de todo el proceso de fundición japonés hasta el punto de que no se sustituyó hasta el siglo XV y XVI, con la llegada de influjos extranjeros occidentales. El método de recogida de la arena férrica responde al nombre de kanna- nayashi ; mediante corrientes de agua se arrastraban las arenas (normalmente ladera abajo), depositándose los barros en unos depósitos preparados anteriormente. Dichos corrimientos de tierras afectaban a los cultivos de los agricultores por lo que se intentaban realizar antes del periodo de siembra y después de la cosecha. La fabricación del horno era el siguiente paso, para la mejor comprensión de dicho proceso adjunto un dibujo ![]() Lo primero de todo es realizar un hoyo de unos 3 metros y medio de profundidad, recubriendo sus paredes de piedra y tierra prensada con sal. Allí se encenderán tres fuegos que no se apagarán durante al menos cien días, cuyo fin es secar la estructura de piedra y arcilla que se alzará a su alrededor. Dicha superficie está dispuesta para mantener perfectamente el calor, y cabe decir que sus medidas oscilaban entre unos 12 metros de altura y unos 5 de ancho. En un lateral se construía la herrería, que era donde se encontraba un único fuelle que servía para avivar el fuego. Éste era de tipología japonesa, es decir, de estructura basada en una especie de columpio enorme, presionándose de un lado y otro para expulsar el aire hacia el interior del horno. El proceso de extracción del acero de las arenas se conoce como Tatara . Éste se iniciaba quemando aproximadamente de 4'5 a 5 toneladas de madera para calentar todo el horno. Podría decirse que esto es una base para el proceso posterior, dejando reducir la madera hasta ceniza. Inmediatamente después, se introducía un nuevo cargamento de madera, ésta ya con un fin combustible activo, importando su valor como carbón vegetal. Seguidamente, se echaba la arena férrica, que para agilizar el proceso estaría cubierta por otra remesa de carbón vegetal. El dibujo explicativo está realizado sólo sobre bases teóricas, e intenta aclarar (de modo fragmentado y esquemático) este proceso. Una gran parte del hierro fundido emergería mediante canales al exterior; éste se dejaría enfriar en bloques compactos. Cuando se expulsa todo lo posible, se limpia el horno recuperándose la parte del material que no llegó a emerger, siendo de naturaleza más impuro. Una vez limpio, se inicia de nuevo todo el proceso (cabe decir que éstos solían durar entre cuatro y cinco días). Llegaba un momento en que las bocas de los fuelles se taponaban por los restos del metal, las paredes de arcilla adelgazaban, y comenzaban a escasear los árboles de alrededor (carbón). Entonces, se desmantelaba el horno, se rompía el bloque de hierro obtenido en ocho trozos, y se llevaban a la forja. Hay que decir que todo el proceso explicado anteriormente se realizaba unas cincuenta o sesenta veces al año, consumiéndose la cantidad de 15 toneladas de arenas e igual o mayor cantidad de madera. Esto implicaba una fuerte deforestación, pero es aquí nuevamente donde se ve la genialidad japonesa, que desde sus primeros tiempos, (período Jokoto ) para evitar éste hecho emprendía una benévola política de repoblación forestal. En éste primer proceso de fabricación del sable, los obreros ya estaban bajo la protección de un Kami especial: Kanayago , de rudo aspecto y tuerta, asemejándose curiosamente, al Hefesto griego o Vulcano romano. Kasumi © Zanshin-Madrid
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